Centro de datos del Espanyol-Real Madrid
Se equivocó al inicio el Espanyol. Si lo que pretendía Calatrava era sacar de quicio a Vinícius pegándole una patada en la espalda con el brasileño en el suelo y sin venir a cuento, más le hubiera valido golpear a Güler o a Bellingham. Al primero porque iba a colocar poco después un centro teledirigido al segundo, que conectó un cabezazo impecable para batir a Dmitrovic y marcar el 0-1. Ni 10 minutos habían pasado y el Madrid de Mou, imperial con y sin balón, ya ganaba en Cornellá-El Prat gracias a la conexión Arda-Jude.
Había sacado Mourinho de inicio a Konaté, Dumfries y Bernardo Silva, tres de los fichajes. Pero los que marcaron diferencias de inicio fueron el turco, con libertad entre líneas, y el inglés, un portento físico. Los de Manolo González sufrían y Dmitrovic salvó el segundo gol al rechazar un remate envenenado de Dumfries.

Desconexión blanca
No fue hasta ya casi llegado el ecuador del primer tiempo cuando las tornas cambiaron. Se desconectó el Madrid: perdió el balón, dejó de presionar con hambre, quizás se confió en exceso, y llegaron los problemas. Primero, con una internada de Dolan. Luego, con un remate lejano de Riedel que puso en apuros a Courtois. Y después, con una asistencia de Javi Hernández que dejó en inmejorable posición a Calatrava para marcar el 1-1.
Con las tablas, el fútbol pasó durante varios minutos a un segundo plano con las trifulcas de Vini con el propio Calatrava y con Riedel. Cuando volvió el balón a rodar, Dmitrovic se tuvo que hacer enorme en un mano a mano con Mbappé. Acción aislada de los blancos, pues el Espanyol, con Javi Hernández haciendo de Güler, se había hecho con los mandos. Y de milagro no se fue con ventaja al descanso tras un fallo de Roberto en un remate con la testa con toda la portería para él. La cara de Mourinho era un poema.

Huy, huy, huy
La segunda mitad comenzó calcada a la primera, con un Calatrava pasado de revoluciones que bien pudo recibir la segunda amarilla por una patada durísima al tobillo de Carreras. El árbitro, Sánchez Martínez, no se atrevió a expulsarlo.
Instantes después, el propio periquito falló una volea que bien pudo acabar besando las mallas. La réplica la puso de nuevo Belingham con otro cabezazo que esta vez sí pudo despejar Dmitrovic. El inmediato rechace no lo pudo cazar bien Mbappé, que saltó a destiempo.
Fueron momentos de renovado dominio visitante, con Güler en el doble pivote y Bernardo Silva de enganche. Pero de nuevo sin continuidad, sin desborde, ante un anfitrión muy ordenado. Entraron entonces Cucurella y Diomandé. La posesión era blanca, mas sin claridad. Vini era incapaz de desbordar, Diomandé ni se atrevía, Mbappé no encontraba socios... Lo único peligroso, un disparo al palo de Valverde. Ocasiones por ímpetu, no consecuencia del buen juego.
Con un Espanyol replegado, defendiendo en bloque bajo, Mourinho decidió que era hora de probar el factor Carlos Espí. Y qué respuesta le dio el chaval. Ya a la desesperada, llevados por la impotencia, en una arrancada de Mbappé desde la frontal, cazó el balón suelto en el área para marcar el gol de la victoria.
Explosión de júbilo del chaval, como no podía ser menos, y de su banquillo, ante la cara desencajada de los periquitos, que no entendían de dónde había salido su verdugo.

Jugador Flashscore del partido: Arda Güler (Real Madrid).
