Con la vuelta de los cuartos de final entre el Bayern de Múnich y el Real Madrid a la vuelta de la esquina y la derrota por 1-2 en la ida en el Bernabéu, el recuerdo conduce inevitablemente a una de las noches más icónicas de la historia reciente del cuadro merengue. Es un flashback que te transporta al 29 de abril de 2014, cuando el conjunto español aún acumulaba nueve Copas de Europa y perseguía la Décima.
En el camino hacia esa final, los merengues se enfrentaron a una doble pesadilla. Por un lado, el Bayern, históricamente su peor bestia negra europea; por otro, Guardiola, que unos años antes había sido el mayor obstáculo tanto en casa como en Europa, al frente del Barça más fuerte de la historia. Era un desafío total, casi simbólico, entre el pasado reciente y las obsesiones europeas. En el banquillo, guiando al Madrid, estaba Ancelotti, alguien que suele superar la presión con ironía.

A diferencia de la noche del miércoles, el Real Madrid llegaba a la vuelta con la ventaja del 1-0 de la ida, pero la percepción general era clara: el Bayern seguía siendo el favorito. Por eso, ese viaje al Allianz Arena de Múnich se presentaba como una dura prueba, con la obligación no sólo de defender el triunfo, sino de firmar una auténtica hazaña.
La hazaña de Múnich
Y hazaña fue, de la forma más clara y rotunda posible. Hicieron falta menos de 20 minutos para cerrar definitivamente las cuentas con el pasado y, en consecuencia, la historia de la semifinal: Sergio Ramos se convirtió en protagonista absoluto, marcando dos goles de cabeza muy similares a balón parado y poniendo de rodillas a los alemanes. Dos remates que no sólo dirigieron el partido, sino que destrozaron las certezas del Bayern.
A partir de ahí, el equipo de LaLiga se hizo con el control absoluto del partido, contragolpeando y aprovechando todos los espacios. Fue Cristiano Ronaldo quien dio un paso al frente y completó el trabajo con otro doblete, sellando el 0-4 final y convirtiendo una semifinal teóricamente equilibrada en una absoluta demostración de fuerza.
Aquella noche no fue sólo una victoria: también, una liberación. El equipo de Chamartín logró vencer a su histórica bestia negra y hacerlo en su propio estadio, ante un equipo considerado superior y frente a un entrenador que había marcado una época, justo a costa de la Casa Blanca. A partir de ahí tomó forma el camino que llevaría a la histórica final en Da Luz de Lisboa contra el Atlético de Madrid, ganada en la prórroga, y por tanto a la ansiada Décima. Pero ésa es otra historia.
Aún hoy, con 15 Ligas de Campeones en el palmarés, aquella noche sigue siendo uno de los momentos simbólicos del renacimiento europeo del Real Madrid. Un precedente que alimenta las esperanzas de los aficionados blancos, conscientes de que su equipo está llamado, una vez más, a desafiar a la historia en Baviera.
