La gran influencia de Mo Salah en el Liverpool aumenta mucho más si cabe con Egipto. Y si es en Copa África, más aún. Que los dos tantos que lleve por ahora en el torneo hayan supuesto sendas victorias no es casualidad, es la tónica de siempre.
Los seis puntos cosechados ante Zimbabue (2-1) y Sudáfrica (1-0) llegaron con dos especialidades del atacante red: anotar el tanto del triunfo y abrir la lata. Lo primero no solo ha ocurrido en esos dos choques de esta edición; también resultó decisivo en el 0-1 a Guinea-Bisáu en 2022 y en el 1-0 a Ghana en 2017 (su primer gol en la CAN). Estos dos también cumplieron la máxima de ser el artífice del primer gol del encuentro. Esta cifra sube a cinco partidos, ya que también inauguró el electrónico en el 0-2 a Uganda de 2019 y en el 1-1 contra Burkina Faso de 2017.
Otro de los axiomas que casi siempre se cumple si marca Salah es que suele suponer que Egipto se pone por delante; así ha ocurrido con seis de los nueve. De hecho, la única diana que se puede considerar inocua es la que le hizo a RD Congo en la fase de grupos de 2019, cuando anotó el segundo del triunfo por 2-0.

Y para rizar el rizo, dos partidos que le encumbraron: el 2-1 a Marruecos en cuartos de final de 2022, en el que obró la remontada anotando el empate y asistiendo a Trezeguet en el definitivo 2-1, y el 2-2 contra Mozambique en la fase de grupos del año pasado, cuando asistió a Mohamed para el 1-0 y evitó el desastre con un gol de penalti ya en el minuto 97.
Fruto de ello, la selección egipcia ha encontrado un seguro de vida: cada vez que ha anotado, puntuar ha estado asegurado, ya que han derivado en siete triunfos y dos empates.
