El final del túnel. Esa es la sensación que rodea a Xabi Alonso en el Real Madrid, tras varias semanas bajo una fuerte presión y a punto de ser destituido. En este contexto, muchos ya habrían recuperado la sonrisa, convencidos de que lo más difícil ha pasado después de cinco victorias clave en Liga, Copa y Supercopa. Pero en realidad, la prueba más complicada aún está por llegar: el temido Fútbol Club Barcelona.
Si los madridistas ofrecieron una imagen prometedora en el Clásico de Liga de octubre, la final de la Supercopa se presenta en un contexto muy distinto. El estado físico del equipo ya no es el mismo y la confianza mostrada en el último duelo se ha desvanecido. Tras una mala racha en noviembre y diciembre, Xabi ha apostado por un fútbol mucho más pragmático, consciente de que su puesto estaba en entredicho.
Por eso, el Real Madrid que se enfrentará este domingo al Barça probablemente no mostrará la misma valentía que en octubre. El equipo, que lleva un mes jugando mucho más replegado y aprovechando las transiciones para sorprender, ha cambiado su estilo ofensivo por una prudencia extrema. Alonso parece guiado ahora por cálculos de seguridad, dispuesto a reinventarse tácticamente para proteger su puesto. Es una reacción comprensible en un club que siempre exige lo extraordinario.

Aun así, una victoria ante el eterno rival podría quitarle la espada de Damocles que cuelga sobre su cabeza desde el partido contra el Alavés. Un título devolvería la calma y quizá permitiría al tolosarra recuperar la iniciativa, volver a ser valiente y consolidar los principios y bases que ha implantado desde su llegada en junio pasado.
Forzar a Mbappé: cuando Xabi se la juega por completo
En su proceso de reajuste táctico, X. Alonso ha tenido que revisar sus principios y reducir los riesgos, apostando por soluciones más fiables y jugadores experimentados. Gracias a su rendimiento, Rodrygo ha recuperado el carril derecho, desplazando a un Mastantuono que era intocable al inicio. Otros futbolistas, como Huijsen, parecen haber perdido la confianza del técnico, sobre todo por su estado físico, mientras que perfiles como Asensio aportan la seguridad defensiva que antes faltaba.
En este contexto, el caso de Kylian cobra una relevancia especial. Lesionado del ligamento de la rodilla izquierda desde el 31 de enero, el francés podría regresar unos 10 días después, aunque tenga que forzar, como dijo Alonso: "Está mucho mejor. Si llegamos a la final, según sus sensaciones, sabíamos que iba a jugar. Después del entrenamiento de esta noche, tendremos toda la información necesaria para valorar su estado y decidir si puede salir de inicio o empezar en el banquillo. Debemos medir el riesgo, conocer lo que está en juego y asumir nuestras decisiones. No somos kamikazes. Es un riesgo controlado".
Un riesgo controlado, pero necesario: Xabi sabe que el partido ante el Barça es clave para su futuro. Para vencer al eterno rival, el técnico vasco debe alinear a su mejor once y poder contar con un jugador como Mbappé es fundamental. Además, el francés le debe mucho: antes del parón navideño, quiso disputar todos los partidos pese al dolor, una decisión respaldada por su entrenador, aunque podría haberse gestionado de otra manera si no hubiera habido tanta urgencia en Madrid.
Esa decisión, tomada dentro del club, respondía a un objetivo personal: ir a por el récord de Cristiano Ronaldo. Así, el ex el PSG encadenó partidos ante Alavés, Talavera y Sevilla, cuando no pudo jugar ante el Manchester City una semana antes.
¿Un error de cálculo? Tal vez. Lo que sí es seguro, según nuestras informaciones, es que el capitán de la selección francesa lleva meses jugando con molestias, primero en el tobillo y luego en la rodilla. Querer disputar todos los partidos forma parte de su mentalidad, pero haber descansado en diciembre no habría sido mala idea, aunque el número 10 del Real Madrid siga siendo imprescindible para el equipo. Ese descanso quizá le habría permitido llegar en plenitud física a enero, justo cuando se está jugando el primer título en Arabia Saudí.
