Durante las conversaciones, la confederación de Norteamérica, Centroamérica y el Caribe ha cuestionado enérgicamente tanto el método como el fondo de la propuesta. A través de un comunicado, la entidad ha expresado con firmeza "profundas preocupaciones sobre la falta de un procedimiento regular en torno a la propuesta, el plazo artificialmente corto impuesto y la ausencia de cualquier revisión o aprobación por parte de los órganos de gobierno competentes de la FIFA". En el plano financiero, se ha puesto abiertamente en duda la necesidad de recurrir a capital privado, especialmente cuando el organismo internacional acaba de cerrar "el Mundial de la FIFA más rentable de la historia".
Este intento de privatización ha provocado un severo recordatorio institucional por parte de la confederación, subrayando que "la historia ha demostrado a la FIFA y a la familia del fútbol lo que ocurre cuando los guardianes del juego pierden de vista estos valores". Reafirmando que se ha reconstruido en los últimos 10 años sobre los principios de "servicio, gobernanza transparente y gestión a largo plazo", la Concacaf rechaza cualquier retroceso y exige que los grandes debates financieros sigan estando regulados por los textos oficiales.
Ante esta situación, las 41 asociaciones miembros han rechazado la propuesta de forma unánime. De inmediato, han encargado a sus representantes en el Consejo de la FIFA que exijan que cualquier iniciativa futura "siga los procesos de gobernanza adecuados conforme a los Estatutos de la FIFA". Además, los representantes deberán determinar "cómo podrían utilizarse las amplias reservas existentes de la FIFA para aumentar la financiación de FIFA Forward" sin recurrir a fondos privados. Con este gesto de oposición contundente, la Concacaf reafirma con fuerza su principio: "El futuro del fútbol —y su mayor activo— debe seguir en manos de nuestra familia del fútbol".
