El contexto daba aún más dimensión al encuentro. Cuando Quevedo nació, el 13 de febrero de 2006, Venus ya acumulaba cinco títulos de Grand Slam en individuales, seis en dobles y había sido número uno del mundo durante 21 semanas. Además, la estadounidense conoce bien Madrid, donde fue finalista en 2010. Todo ello convertía el duelo en una especie de choque imposible entre épocas.
Lejos de acusar la presión, la española, nacida en Florida, saltó a pista con determinación. Llegaba en buen momento tras ser una de las grandes protagonistas de España en la Billie Jean King Cup, donde sumó dos victorias clave ante Eslovenia para asegurar el billete a las Finales. Número 140 del ranking WTA, en Madrid dio un paso adelante decisivo y logró la victoria más importante de su carrera.
El duelo, cargado de simbolismo generacional, mostró a una Quevedo sin complejos. Tras dominar el primer set (6-2) con un juego valiente, la española supo resistir el empuje de la veterana en la segunda manga. Ni siquiera el parón por lluvia, que obligó a cerrar el techo, frenó su determinación: con 3-3, firmó un quiebre decisivo que le permitió cerrar el encuentro por 6-4. Con este triunfo, Quevedo confirma su gran estado de forma tras su destacado papel en la Billie Jean King Cup y se consolida como una de las promesas más firmes del circuito.
