De estadios anticuados y clubes en apuros, el país ha reconstruido gran parte de su infraestructura futbolística bajo el mandato de Viktor Orban, cuya pasión por este deporte se ha convertido en uno de los temas más destacados de su etapa en el poder.
Se invirtieron miles de millones en estadios, academias y clubes de todo el país, lo que ayudó a modernizar el entorno futbolístico y, al mismo tiempo, desató años de debate sobre política, dinero público y sostenibilidad.
Ahora, mientras Budapest se prepara para acoger el partido de clubes más importante de Europa entre el Arsenal y el vigente campeón (PSG), Hungría muestra tanto los éxitos como las contradicciones de esa época.
"El fútbol siempre ha sido uno de los temas personales más importantes para Orban," afirma Tamas Gaal, de NB1.hu. "En 2010 ganó las elecciones por un margen tan amplio que prácticamente no hubo resistencia significativa al sistema que estaba construyendo", indicó también.
Reconstruyendo el fútbol húngaro
El fútbol húngaro estaba en muy mal estado cuando Orban volvió al poder en 2010. La infraestructura era obsoleta, los clubes eran financieramente inestables y la selección nacional llevaba décadas alejada de los grandes torneos.
Según un conocedor del fútbol húngaro, que prefiere permanecer en el anonimato, Orban vio el fútbol como una oportunidad tanto cultural como política.
"Se dio cuenta de que apoyar al fútbol le traería más réditos políticos que pérdidas", comenta el informante. "Los aficionados, una vez satisfechos, hicieron la vista gorda ante los miles de millones de fondos públicos invertidos en sus clubes e instalaciones", asegura.
La inversión transformó el panorama del fútbol húngaro. Al menos, visualmente. Aparecieron estadios modernos por todo el país, se mejoraron los centros de entrenamiento y los clubes empezaron a operar en condiciones mucho más profesionales que antes.
El símbolo más claro de esa transformación fue la Puskas Akademia F.C., el club academia de Felcsut, el pueblo natal de Orban. "Está literalmente tan cerca de él que puso el estadio en el barrio de la antigua casa familiar", explica Gaal.
El estadio de la academia es famoso por tener más capacidad que habitantes tiene el propio pueblo, lo que lo convierte en una curiosidad internacional y en un blanco frecuente de las críticas. Aun así, incluso muchos escépticos reconocen que el entorno futbolístico general ha mejorado.
"No hay duda de que el fútbol húngaro se desarrolló durante esta etapa", dice Gaal. "La liga, la infraestructura, la selección, todo ha mejorado", argumenta.
Progreso y límites
El debate en Hungría no gira tanto en torno a si el fútbol ha mejorado o no, sino sobre si el nivel de mejora ha estado a la altura de la inversión realizada.
Hungría se ha clasificado para tres Eurocopas consecutivas bajo la dirección del técnico italiano Marco Rossi, mientras que jugadores como Dominik Szoboszlai, Willi Orban y Roland Sallai se han convertido en nombres reconocidos internacionalmente. Sin embargo, algunos expertos sostienen que el éxito de la selección a veces ha ocultado problemas estructurales más profundos en la formación de jóvenes.
La fuente anónima es especialmente crítica con el papel de Puskas Akademia como proyecto de desarrollo. "Si nos fijamos en el dinero invertido, no ha sido una historia de éxito", continúa. "Ha producido relativamente pocos jugadores húngaros de primer nivel y ha dependido mucho de futbolistas extranjeros", señala.
Apunta al caso de Viktor Vitalyos, un jugador que fue descartado por la academia y que más tarde fichó por el Sparta Praga tras destacar en otros equipos húngaros. "Y hay muchas historias similares", añade.
Al mismo tiempo, clubes como el Ferèncvaros han contribuido a mejorar la imagen internacional de Hungría con sus habituales participaciones en competiciones europeas, aunque la distancia entre 'Fradi' y el resto de la Liga sigue siendo considerable.
El estadio que sí funcionó
Si bien las opiniones siguen divididas sobre algunas partes del modelo futbolístico húngaro, hay mucho más consenso en torno al propio Puskas Arena.
Levantado en gran parte con dinero público, el estadio nacional fue objeto de controversia política durante su construcción debido a su coste.
Sin embargo, desde entonces se ha consolidado como uno de los recintos modernos más respetados de Europa, habiendo albergado la Supercopa de la UEFA, la final de la Europa League, varios partidos de la Eurocopa y ahora preparándose para la final de la Champions League.

"Todas mis experiencias allí han sido excelentes, tanto como periodista como aficionado", afirma Gaal. El informante anónimo coincide. "Hungría necesitaba una instalación así. La arena se llena en los partidos de la selección y en los grandes eventos internacionales", indica.
Las críticas, añade, se dirigen más bien a las decenas de estadios pequeños construidos por todo el país, muchos de los cuales tienen dificultades económicas.
Sin embargo, para la final de la Champions League, todos los focos estarán puestos en Budapest, una ciudad que se ha ganado una reputación creciente como gran anfitriona de eventos deportivos internacionales.
Los aficionados que lleguen para la final encontrarán un entorno favorable al fútbol, una organización eficiente y una ciudad dispuesta a volcarse con la ocasión.
"Budapest y el Puskas Arena cumplen de sobra con los estándares de una final de la Champions League", expone Tamas. "Los aficionados visitantes vivirán una gran experiencia", comenta.
Eso ya se vio con los numerosos grupos de hinchas de todo el mundo que llenaron el festival de aficionados en la Plaza de los Héroes el jueves.
El informante anónimo considera que el evento es también una gran oportunidad para la imagen internacional de Hungría. "Budapest es una de las capitales más afortunadas geográficamente de Europa", señala. "Los visitantes lo pasarán en grande aquí."
¿Y ahora qué?
Hay cierta ironía en torno a la final de Budapest. Aunque el estadio fue en gran parte un proyecto de Viktor Orban, perdió el poder en el país justo antes de que pudiera acoger el mayor evento hasta la fecha.
El futuro del fútbol húngaro puede depender ahora de si el país es capaz de mantener los avances logrados y, al mismo tiempo, crear un modelo más sostenible.
El político de la oposición Peter Magyar, que derrotó a Orban en las elecciones hace menos de un mes, ha prometido una mayor transparencia en la financiación del deporte, aunque insiste en que el apoyo al deporte húngaro continuará. Por ahora, según los expertos, el rumbo a largo plazo sigue siendo incierto.
Pero, independientemente de lo que ocurra en el plano político, la final de la Champions League será un hito para el fútbol húngaro y la prueba de cómo ha cambiado radicalmente el panorama futbolístico del país desde 2010.
Por una noche, Budapest será el epicentro del fútbol europeo. Y, ya sea vista como una historia de éxito, un proyecto político o algo intermedio, el fútbol húngaro moderno estará en el escaparate para que lo vea todo el continente.
