A los 70 años todavía hay tiempo para encontrar grandes motivaciones, especialmente si hay un Mundial de por medio. La participación en la cita norteamericana como seleccionador de Uruguay representa un momento único en la carrera de Marcelo Bielsa. Un erudito del fútbol que llega al Campeonato del Mundo 24 años después de su primera y última aparición con una Argentina que en 2002 partía como favorita en Corea y Japón, pero cayó sorprendentemente en la fase de grupos.
En esta ocasión, sin embargo, además de haber pasado ya un cuarto de siglo, las condiciones son totalmente opuestas. El entrenador rosarino no está en pleno apogeo, ni cuenta con una de las mejores selecciones del mundo, como ocurría a principios de los 2000. Elegido por aclamación popular a finales de 1998, cuando dirigía al Espanyol, el entrenador que llevó a Newell's Old Boys a la gloria, llenó de ilusión a todo su país. Pero tras una fase de clasificación en la que dominaron con buen fútbol, el globo de la felicidad estalló.

Ningún dualismo
En aquella ocasión, muchos culparon al técnico por sus decisiones, como cambiar de portero antes del inicio del Mundial y colocar a Ariel Ortega como extremo derecho en un 3-4-3 donde el Burrito no pudo desplegar todo su potencial como mediapunta. Pero, sobre todo, ese torneo se recuerda en Argentina como aquel en el que el currículum de Gabriel Omar Batistuta, ya en declive, pesó en las decisiones de Bielsa, que casi siempre prefirió a su antiguo protegido en Newell's antes que a un Hernán Crespo que llegaba tras varias temporadas consecutivas marcando goles a raudales en Italia.
En el torneo que está por comenzar, en cambio, el técnico de 70 años no solo no tendrá que lidiar con dos delanteros de peso, sino que incluso ha decidido prescindir de dos ídolos recientes de la Celeste. Edinson Cavani y Luis Suarez se han quedado en casa tras disputar las últimas cuatro ediciones del Mundial. Si el ex del Nápoles ya llevaba tiempo fuera de la selección, el delantero del Inter Miami había dejado claro que soñaba con estar. Pero no se le ha concedido ese deseo.

La ausencia de Luis Suárez también se debe a un altercado con el gurú de Rosario, alguien que nunca se ha callado nada en su vida. Ni siquiera ante Claudio Lotito, con quien prácticamente había firmado un acuerdo en el verano de 2016. Así, la gran estrella de Uruguay está en el banquillo, aunque el capitán Federico Valverde sigue siendo el jugador más sólido y determinante sobre el césped.
Incógnita
La Celeste que llegará a Estados Unidos para jugarse sus opciones de avanzar lo hará sin hacer ruido. No se ha programado ningún amistoso previo al Mundial, como ha confirmado el propio Bielsa. Por cuestiones logísticas y de calendario, los partidos que inicialmente iban a disputarse en Uruguay no se han jugado, tal y como reconoció el seleccionador en una de sus extensas ruedas de prensa.
Llamado por la federación uruguaya para tomar el relevo de otro histórico del fútbol mundial como Oscar Washington Tabárez, Bielsa ha devuelto la ilusión a una selección con estatus de histórica, pero que no gana un título desde hace 15 años, es decir, desde la Copa América en Argentina. Encajada en un grupo con España, una de las favoritas, Cabo Verde y Arabia Saudí, la Celeste tiene la obligación moral de pasar de ronda. Y después, intentar dar la sorpresa.
Dudas y rumores
Existe además la posibilidad de que se cruce precisamente con Argentina en octavos de final, lo que supondría un duelo muy emotivo para Bielsa, que ya ha experimentado esa sensación nostálgica. Cuando dirigía a Chile, el rosarino perdió 2-0 en el Monumental y ganó 1-0 en Santiago. Como técnico de Uruguay, ha conquistado la Bombonera en 2023 y fue derrotado en Montevideo en el último enfrentamiento del año pasado.
Así, el posible quinto enfrentamiento contra la selección de su país sería el primero en un partido a vida o muerte. Un duelo de Mundial. Por ahora, sin embargo, Bielsa debe lidiar con la posible baja de Ronald Araujo, que ha regresado a España para recuperarse tras una lesión de la que el rosarino fue culpado directamente por el hermano del central del Barcelona. En su tercer Mundial, tras los disputados con Argentina y Chile, un revolucionario muy querido en Bilbao, Marsella y Leeds —lugares muy distintos entre sí— busca su última aventura. Como protagonista.
